Las gomas que se estiran y se encogen

Aunque vivimos en una época en la que todo es virtual supongo que todos hemos visto una goma elástica: esos objetos, que suelen ser redondos y de color marrón o de colorines, que se utilizaban antes que las bridas de plástico para atar casi todo. Con ellas se hacían fajos de billetes, se ataban los documentos y no sé cuántas cosas más. A mí lo que más me sorprendió siempre de las gomas elásticas era el daño que hacían cuando las estirabas y te golpeabas con ellas, pero supongo que se las recuerda más bien por su elasticidad, la capacidad para estirarse y encogerse un número de veces tan grande que parecía infinito.

Nunca me he molestado en medir hasta qué punto puede estirarse una goma elástica, aunque las he llevado hasta su aparente límite muchas veces. Cuando las alargaba veía que su color iba palidecienco y que su grosor se reducía hasta casi la mitad antes de notar que tenía que mi fuerza ya no podía hacer que se estirasen más. Después aflojaba mis dedos y observaba cómo volvía a su estado natural.

Un día, hace muchos años, descubrí con pesar que las gomas no eran eternas y que unas, generalmente las más blandas, resistían muchos menos ciclos que las demás. Las peores, que recuerde, eran las blandas y de colorines, en la que tras pocos intentos acababa apareciendo una pequeña fisura que se iba agrandando cada vez que la estiraba y encogía. Esa fisura se iba agrandando hasta que la goma se rompía y a partir de entonces podía encontrar sus dos extremos. Lástima que una goma abierta ya no era lo mismo que antes, había perdido su magia.

Alguien dijo que el amor es como una de esas gomas que están cayendo en desuso sustituidas por las bridas de plástico que, aunque tienen un pequeño grado de elasticidad, gozan de una precisión casi suiza a la hora de amarrar los objetos. Carlos Goñi (Revólver para casi todo el mundo) decía que en el amor “uno siempre se deja querer, es más cómodo y sencillo aunque no tenga emoción”. El que se deja querer estira la goma, el que quiere es la goma que se estira, y su grado de aguante dependerá de si es blandito y de vistosos colorines, o más áspero y firme, aunque sea de un marrón parduzco poco agradable al sentido de la vista.

Es más sencillo dejarse querer, más fácil estirar la goma, porque a uno no le salen esas pequeñas grietas que se agrandan y que rápidamente van minándole hasta romperse, pero es más bonito ser goma porque mientras te estiras y te encoges te entregas, das sin esperar nada a cambio, y hasta te sientes útil porque hasta servir de entretenimiento a los demás es agradable. Lo malo es cuando te agrietas, cuando ese ser en cuyas manos has caído se olvida de que si superas tu límite de elasticidad vas a romperte, y puedes darle un buen golpe en las narices antes de perder tu estado anterior.

Unas veces somos goma y otros gomeros, unas veces nos estiran y otras nos estiramos. Pocas, aunque dolorosas, son las ocasiones en las que no tenemos ni ganas ni cuerpo para dar, porque muchas han sido aquellas en las que nos dimos libremente sin esperar recibir nada a cambio y nos vaciaron por dentro y por fuera. Antes de que surja la grieta, y de modo tal vez imperceptible, la goma parece volverse más dura, más oscura, menos manejable, pero el gomero no se da cuenta hasta que es demasiado tarde.

Cuando la goma se rompe no puede volver a unirse, por mucho que goma y gomero quieran. La relación se rompió aunque la goma continúa en el bolsillo por si alguna vez hiciera falta o sea sustituida por las bridas. Normalmente el gomero se deshace de ella porque ya no cumple su función y rápidamente la olvida. En el otro extremo aquel objeto, antaño tan útil, sufrirá el dolor de haberse roto por dentro y por fuera, pero eso a nadie parece importarle.

De aquellos barros nos vienen estos lodos. Nos educaron para ser gomas, pero nunca nos dijeron que se nos iba a forzar hasta más allá del límite una y mil veces.

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10 respuestas a Las gomas que se estiran y se encogen

  1. Belén dijo:

    Cuanta sabiduria y que comparación. Engrandece las humildes y utiles gomas y escarmienta a las personas.

  2. Ramón de Fussimanya dijo:

    La elasticidad de las gomas es propia de cada una de ellas;unas la poseen en mayor medida otras en menor pero todas duelen cuando se rompen y te golpean.
    En el amor es menester querer y ser querido.
    Si el ser humano pierde su capacidad de amar pierde su esencia.

  3. Aurora dijo:

    hola, me ha gustado mucho este artículo. Es tuyo??? me gustaría comentarte algo al respecto.

  4. METAMORFOSIS dijo:

    Como viste tuvo bastante aceptación el artículo no?, a mi personalmente cuando te leí me encantó!!!
    Un abrazo y muchas gracias.

  5. anabrenda dijo:

    El articulo esta muy emocionante.pero el verdadero amor nunca deja de ser

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